miércoles, 31 de octubre de 2007

Teatro - La Omisión de la Familia Coleman


La Omisión de la familia Coleman
Publicado en el Nº 1, Julio 2006

Una obra acerca de la desintegración de una familia. Un mundo signado por la presencia femenina. Conflictos que nunca van a solucionarse.
Estos podrían ser los rasgos más llamativos del trabajo de Claudio Tolcachir. Una obra que cuenta con excelentes actuaciones y en la que se percibe la presencia inconfundible, para quien lo conoce de otras puestas, del director. Ambos aspectos se evidencian en el aprovechamiento de las situaciones, el buen manejo de los ritmos y del humor. Muchas veces nos encontramos con chistes muy conocidos pero traídos de vuelta al presente de la mano de notables actuaciones. Por ejemplo, aquella en la que Ellen Wolf nos ofrece un relato de diferentes noches de bodas, evocando los objetos con sus palabras y gestos y haciendo que el espectador pierda las nociones de realidad y ficción, por ser tan natural y convincente su actuación.
Otro trabajo memorable es el de Lautaro Perotti, quien, en su papel de loco, nunca cae en la tentación de juzgar a su personaje o de reírse a costa de él. Y su seriedad provoca el humor y luego la tristeza y la compasión del espectador.
Aunque en un primer momento todo parece indicar que la puesta será costumbrista, enseguida notamos que estamos en presencia de una obra grotesca, una mezcla de comedia y tragedia. Algunas situaciones están construidas de manera tal que provocan la risa del espectador, cuando en realidad se trata de escenas muy dramáticas. Ya desde el principio el público se ve a sí mismo riéndose de algo que resulta ser terrible y nada cómico.
El final de la obra y la atmósfera general de la misma son bastante desoladores, y esto, junto con el determinismo patente en la figura de la mujer, nos lleva a pensar en la tragedia. Sin embargo, no presenciamos muertes masivas ni situaciones de las que los personajes no logren evadirse. Y allí reside la omisión a la que refiere el título, por la cual a veces es más fácil callarse y seguir con la propia vida, sin pensar en los problemas ajenos, vivir en un mundo paralelo, o alejado de los orígenes, simplificando así la realidad cotidiana.