
La Peña Pacha Camac
Recorriendo el Museo “Monte de Piedad”, ubicado en Boedo 870, nos encontramos con un episodio que desconocíamos en la vida del barrio: la Peña Pacha Camac. A través de averiguaciones y gente amable que pudo informarnos, descubrimos que la misma funcionó en ese lugar, donde antes existía el Café Biarritz, entre 1932 y 1938.
La Peña constituyó un acontecimiento cultural de gran importancia, ya que convocó cientos de artistas y vecinos que aceptaron unirse a un movimiento que no sólo difundía la literatura, la plástica, el teatro y la música entre otras cosas, sino que también se orientaba hacia la educación.
Todos conocemos la popularidad del barrio de Boedo en cuanto a cuestiones intelectuales y artísticas, especialmente en los comienzos del siglo XX. En esa época surgió, por ejemplo, en la década del ´20, el grupo literario Boedo, sobre el cual nos explayaremos en otra oportunidad, integrado por grandes personajes, como Roberto Arlt y Leonidas Barletta, apegados al compromiso social en sus trabajos, en los que abordaban temáticas actuales y humanas.
El auge de los cafés de Boedo, lugar de reunión de los artistas, junto con la difusión de tangos referidos al barrio, incrementaron la popularidad del lugar.
Es desde este espíritu que surge la Peña Pacha Camac, fundada oficialmente el 30 de julio de 1932, y cuyo promotor principal fue el dramaturgo José González Castillo, quien vivió en Boedo 1060; frente a su domicilio podemos encontrar actualmente una lápida con la siguiente inscripción: “De Boedo a Monmartre hay un paso nada más”.
La Peña se orientó hacia la difusión de las artes, sin exclusiones elitistas, no sólo para dar a conocer las obras de los miembros de su comisión directiva sino, fundamentalmente, para fomentar su ideología, basada en la independencia económica y moral del artista y en la estimulación de la cultura y el progreso en la juventud y en el barrio en general.
El nombre de la Peña responde a estas ideas, ya que Pacha Camac es el “supremo creador”, el animador del mundo en la cultura incaica. Esta elección hace hincapié en la impronta americanista del grupo. El escudo de la Peña consistió también en la Puerta del Sol de Tahuanaco, el templo destruido por las fuerzas del conquistador Pizarro.
Otra nota interesante para resaltar es “La canción cordial”, subtitulada “Himno de los muchachos de Pacha Camac”, que se cantaba todas las semanas durante marchas por la Avenida Boedo. Sus versos resaltan el nacimiento de un nuevo barrio, basado en la cordialidad, la unidad y en llevar “el mismo afán de vida a toda la ciudad”.
Por la Peña desfilaron muestras de artistas plásticos, salones de pintura, escultura y grabados, numerosas obras de teatro, que recorrieron también otros barrios, conferencias, conciertos musicales, cuya entrada era gratuita. También se llevaron adelante cursos de dibujo, piano, teatro y declamación, entre otras muchas actividades. Este movimiento tuvo su auge entre 1933 y 1938.
Debido a la venta del local en el que se alojaba la Peña, en 1938 ésta debe trasladarse a un sótano en Carlos Calvo 3621. Luego de otro desalojo, la Peña pasa a ubicarse en un nuevo sótano en Sánchez de Loria 1536 y, en ese momento, se produce el ingreso del pintor y escultor Francisco Reyes, figura fundamental del período.
Ya corrían otros tiempos y no existía la misma libertad de expresión que en los comienzos. En 1949, cuando el dueño del local en que se ubicaba la Peña decidió hacer modificaciones, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires no autorizó la construcción de una puerta que conectara directamente la calle con el sótano, truncando la continuidad de las reuniones.
Las actividades se prolongaron hasta 1952, con espectáculos ofrecidos en diversos teatros. Pero el último encuentro se realizó en 1957, cuando los antiguos miembros de la comisión se reúnen y realizan dos recitales poéticos frente a autoridades municipales, sin mucho éxito, provocando el final del proyecto.
Los tiempos cambiaron y hoy encontramos un cierto renacer de las artes en el barrio. Creemos que lo que hace grande un espacio es el empeño, la dedicación, la adhesión popular y la difusión. Ya se acabaron las épocas de la Peña Pacha Camac, pero no estaría de más conservar algo del espíritu que la animó, para que no se pierda la mística del barrio de Boedo, tan famoso por sus cafés y sus artistas.
Recorriendo el Museo “Monte de Piedad”, ubicado en Boedo 870, nos encontramos con un episodio que desconocíamos en la vida del barrio: la Peña Pacha Camac. A través de averiguaciones y gente amable que pudo informarnos, descubrimos que la misma funcionó en ese lugar, donde antes existía el Café Biarritz, entre 1932 y 1938.
La Peña constituyó un acontecimiento cultural de gran importancia, ya que convocó cientos de artistas y vecinos que aceptaron unirse a un movimiento que no sólo difundía la literatura, la plástica, el teatro y la música entre otras cosas, sino que también se orientaba hacia la educación.
Todos conocemos la popularidad del barrio de Boedo en cuanto a cuestiones intelectuales y artísticas, especialmente en los comienzos del siglo XX. En esa época surgió, por ejemplo, en la década del ´20, el grupo literario Boedo, sobre el cual nos explayaremos en otra oportunidad, integrado por grandes personajes, como Roberto Arlt y Leonidas Barletta, apegados al compromiso social en sus trabajos, en los que abordaban temáticas actuales y humanas.
El auge de los cafés de Boedo, lugar de reunión de los artistas, junto con la difusión de tangos referidos al barrio, incrementaron la popularidad del lugar.
Es desde este espíritu que surge la Peña Pacha Camac, fundada oficialmente el 30 de julio de 1932, y cuyo promotor principal fue el dramaturgo José González Castillo, quien vivió en Boedo 1060; frente a su domicilio podemos encontrar actualmente una lápida con la siguiente inscripción: “De Boedo a Monmartre hay un paso nada más”.
La Peña se orientó hacia la difusión de las artes, sin exclusiones elitistas, no sólo para dar a conocer las obras de los miembros de su comisión directiva sino, fundamentalmente, para fomentar su ideología, basada en la independencia económica y moral del artista y en la estimulación de la cultura y el progreso en la juventud y en el barrio en general.
El nombre de la Peña responde a estas ideas, ya que Pacha Camac es el “supremo creador”, el animador del mundo en la cultura incaica. Esta elección hace hincapié en la impronta americanista del grupo. El escudo de la Peña consistió también en la Puerta del Sol de Tahuanaco, el templo destruido por las fuerzas del conquistador Pizarro.
Otra nota interesante para resaltar es “La canción cordial”, subtitulada “Himno de los muchachos de Pacha Camac”, que se cantaba todas las semanas durante marchas por la Avenida Boedo. Sus versos resaltan el nacimiento de un nuevo barrio, basado en la cordialidad, la unidad y en llevar “el mismo afán de vida a toda la ciudad”.
Por la Peña desfilaron muestras de artistas plásticos, salones de pintura, escultura y grabados, numerosas obras de teatro, que recorrieron también otros barrios, conferencias, conciertos musicales, cuya entrada era gratuita. También se llevaron adelante cursos de dibujo, piano, teatro y declamación, entre otras muchas actividades. Este movimiento tuvo su auge entre 1933 y 1938.
Debido a la venta del local en el que se alojaba la Peña, en 1938 ésta debe trasladarse a un sótano en Carlos Calvo 3621. Luego de otro desalojo, la Peña pasa a ubicarse en un nuevo sótano en Sánchez de Loria 1536 y, en ese momento, se produce el ingreso del pintor y escultor Francisco Reyes, figura fundamental del período.
Ya corrían otros tiempos y no existía la misma libertad de expresión que en los comienzos. En 1949, cuando el dueño del local en que se ubicaba la Peña decidió hacer modificaciones, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires no autorizó la construcción de una puerta que conectara directamente la calle con el sótano, truncando la continuidad de las reuniones.
Las actividades se prolongaron hasta 1952, con espectáculos ofrecidos en diversos teatros. Pero el último encuentro se realizó en 1957, cuando los antiguos miembros de la comisión se reúnen y realizan dos recitales poéticos frente a autoridades municipales, sin mucho éxito, provocando el final del proyecto.
Los tiempos cambiaron y hoy encontramos un cierto renacer de las artes en el barrio. Creemos que lo que hace grande un espacio es el empeño, la dedicación, la adhesión popular y la difusión. Ya se acabaron las épocas de la Peña Pacha Camac, pero no estaría de más conservar algo del espíritu que la animó, para que no se pierda la mística del barrio de Boedo, tan famoso por sus cafés y sus artistas.
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